El dilema del “botón rojo”: emprender, calidad de vida y el rechazo a la masificación turística en Águilas
¿Cuánto vale vivir bien? ¿Y cuánto estaría dispuesta una ciudad a sacrificar por crecer más rápido? El cuarto episodio de la segunda temporada de Living Águilas Podcast pone sobre la mesa estas preguntas a través de una conversación entre dos profesionales que conocen de primera mano lo que significa levantar cada mañana la persiana de un negocio en Águilas: Tomás Rodríguez, gerente de la Taberna Mediática, y Alfonso Méndez, socio de Martínez y Méndez Abogados.
Dos sectores diferentes, la hostelería y la abogacía, pero una misma perspectiva: la de quienes han construido su trayectoria profesional en Águilas y han experimentado también lo que supone trabajar fuera de ella.
El resultado es una conversación sin artificios sobre emprendimiento, juventud, oportunidades, turismo y, sobre todo, sobre una cuestión que atraviesa todo el episodio: qué tipo de ciudad quiere ser Águilas en el futuro.
Emprender en Águilas: dos profesiones, una misma realidad
A primera vista, dirigir un despacho de abogados y gestionar un establecimiento hostelero tienen poco en común. Sin embargo, durante la conversación aparecen numerosos puntos de encuentro.
Ambos conocen la exigencia de trabajar por cuenta propia y la dificultad de separar completamente la vida profesional de la personal. La responsabilidad no termina cuando se baja la persiana. Clientes, proveedores, decisiones, imprevistos y problemas forman parte de una dinámica que puede convertir el emprendimiento en una actividad de veinticuatro horas.
Tomás resume esa realidad con una frase especialmente gráfica: “Yo soy un móvil pegado a una persona, no una persona pegada a un móvil”.
Pero también existe una ventaja que, para ambos, compensa buena parte de las dificultades: la cercanía.
En una localidad como Águilas, el trato profesional mantiene todavía una dimensión profundamente personal. Alfonso destaca que, especialmente en una profesión como la abogacía, donde se abordan problemas íntimos y situaciones complejas, conocer a las personas y establecer relaciones de confianza constituye un valor diferencial.
En la hostelería sucede algo parecido. Tomás habla de una clientela que combina a los vecinos que viven en Águilas durante todo el año con quienes regresan periódicamente a sus segundas residencias. Una comunidad que permite generar vínculos y fidelidad y que, al mismo tiempo, exige entender el negocio con una mirada que vaya más allá del día a día.
Porque emprender no consiste únicamente en apagar fuegos. También implica tener capacidad para levantar la mirada, analizar el entorno y decidir hacia dónde se quiere llevar el proyecto.
El botón rojo que Águilas decide no pulsar
El momento central del episodio llega con una pregunta aparentemente sencilla, pero con profundas implicaciones.
Imaginemos que mañana los ciudadanos de Águilas pudieran votar. Delante tendrían un botón rojo. Si lo pulsan, la localidad experimentaría un crecimiento turístico inmediato y masivo, similar al de otros grandes destinos de la costa mediterránea.
Más turistas. Más clientes. Más facturación. Más hoteles. Más actividad económica.
¿Lo pulsarían?
Tomás y Alfonso responden que no.
La negativa resulta especialmente interesante porque no procede de dos personas ajenas al tejido empresarial. Ambos conocen los beneficios que un aumento de la actividad económica podría generar para sus negocios. Sin embargo, consideran que existe algo que no puede contabilizarse únicamente en términos de facturación.
La identidad.
Alfonso lo expresa al hablar de ese carácter aguileño que protege aquello que considera propio y del valor de conservar un entorno que todavía mantiene unas características difíciles de encontrar en otros puntos del Mediterráneo.
La cuestión, por tanto, no es rechazar el crecimiento. Es decidir qué clase de crecimiento se quiere.
Águilas puede mejorar su oferta turística, incrementar sus plazas hoteleras, desarrollar nuevas infraestructuras y generar oportunidades económicas sin necesariamente convertirse en un destino masificado.
Ese es el concepto que atraviesa la conversación: un modelo de Águilas Slow, capaz de crecer sin perder aquello que precisamente hace atractiva a la localidad.
Porque si para atraer más visitantes hubiera que renunciar a la tranquilidad, al paisaje, a la escala humana o a la forma de vida que caracteriza al municipio, quizá el precio del crecimiento sería demasiado elevado.
La verdadera riqueza puede estar en los minutos
Hay una historia contada por Alfonso durante el episodio que condensa de manera especialmente gráfica el concepto de calidad de vida.
Durante una jornada profesional fuera de Águilas, coincidió con una abogada procedente de Madrid. Ella había comenzado su día a las seis de la mañana y debía desplazarse varias horas para acudir al juzgado, antes de regresar nuevamente a la capital.
En un momento de la conversación, ella le preguntó cuánto tardaba Alfonso en llegar a su despacho.
La respuesta fue sencilla: unos diez minutos andando o tres o cuatro en coche.
La diferencia parecía significativa, pero todavía quedaba un detalle.
Ese trayecto podía hacerse caminando junto al paseo marítimo.
La reacción de la abogada fue inmediata: “Ya para de contar”.
La anécdota tiene algo de humor, pero también plantea una reflexión mucho más profunda.
En muchas grandes ciudades, desplazarse hasta el trabajo implica invertir diariamente horas en atascos, transporte público y desplazamientos. En Águilas, una parte de ese tiempo puede convertirse en paseo, descanso o vida familiar.
Y el tiempo, a diferencia del dinero, no se puede recuperar.
Por eso, cuando se habla de calidad de vida, no basta con hablar de playas, clima o paisaje. También hay que hablar de tiempo.
Tiempo para vivir. Tiempo para la familia. Tiempo para uno mismo. Tiempo que no se pierde atrapado en una carretera.
Ese puede ser uno de los grandes activos invisibles de Águilas.
¿Universidad, oposición o un oficio?
La conversación entra también en uno de los debates más relevantes para el futuro económico de cualquier municipio: qué oportunidades profesionales se están ofreciendo a las nuevas generaciones y cuáles son realmente las necesidades del mercado laboral.
Tomás cuestiona la idea, todavía muy extendida, de que el éxito profesional pasa necesariamente por obtener un título universitario o conseguir una plaza como funcionario.
No porque la universidad o la función pública no sean opciones válidas, sino porque no deberían convertirse en las únicas vías socialmente reconocidas para construir una carrera.
En Águilas existe una demanda real de profesionales vinculados a oficios técnicos y tradicionales: carpintería, albañilería, fontanería, electricidad, cristalería y muchas otras actividades.
Son trabajos necesarios, especializados y con capacidad para generar empleo y actividad económica.
El problema, según los protagonistas del episodio, es que algunos de estos oficios han perdido reconocimiento social precisamente cuando el mercado continúa necesitándolos.
La conversación plantea, por tanto, la necesidad de recuperar una idea fundamental: trabajar con las manos, aprender un oficio y construir una empresa propia también puede ser una opción de futuro.
Y puede ser, además, una opción económicamente viable.
Más cultura empresarial y menos miedo a equivocarse
Otro de los puntos abordados durante el episodio es la necesidad de acercar la cultura empresarial a los jóvenes desde las primeras etapas educativas.
Emprender no debería presentarse exclusivamente como una apuesta arriesgada ni como una historia de éxito garantizado. Es un proceso en el que existe la posibilidad de equivocarse, rectificar y volver a empezar.
Precisamente por eso, Alfonso lanza una de las reflexiones más importantes del episodio: que un proyecto empresarial no salga como estaba previsto no significa necesariamente haber fracasado.
El miedo a equivocarse puede convertirse en una barrera mayor que la propia dificultad de emprender.
Los protagonistas también reclaman una mayor conexión entre las decisiones administrativas y la realidad de quienes mantienen negocios abiertos. Desde su perspectiva, las políticas destinadas a apoyar a emprendedores deberían construirse escuchando más directamente a quienes conocen el funcionamiento de una empresa desde dentro.
La frase que resume esta reivindicación podría ser sencilla: antes de decidir por los empresarios, hay que escuchar a quienes levantan la persiana.
Volver también puede ser una decisión de futuro
Existe otra idea que aparece de manera transversal en la conversación: la posibilidad de marcharse para formarse, trabajar o adquirir experiencia y, posteriormente, regresar.
Salir de Águilas no tiene por qué significar abandonarla.
Para muchos jóvenes, desplazarse a otras ciudades puede ser una oportunidad para aprender, ampliar horizontes y desarrollar capacidades que posteriormente pueden trasladarse de nuevo al municipio.
El reto está en conseguir que, cuando llegue el momento de regresar, existan oportunidades suficientes para que ese talento encuentre un lugar donde desarrollarse.
Y ahí aparece nuevamente el papel del emprendimiento.
Una nueva generación de profesionales puede crear sus propios proyectos, generar empleo y contribuir a construir una economía local más diversa.
Una ciudad que quiere crecer sin dejar de ser ella misma
El cuarto episodio de la segunda temporada de Living Águilas Podcast termina dejando una idea clara: el futuro de Águilas no tiene por qué plantearse como una elección entre crecer o conservar su identidad.
La verdadera cuestión es cómo crecer.
La ciudad tiene potencial turístico, empresarial y creativo. Cuenta con recursos naturales, actividad económica, talento local y una calidad de vida que constituye uno de sus principales activos.
Pero precisamente ese valor obliga a plantear el desarrollo con perspectiva.
El famoso “botón rojo” funciona, en realidad, como una metáfora. Representa la tentación de conseguir resultados rápidos a cambio de transformar profundamente el lugar.
Y la respuesta de los protagonistas es una declaración de principios: no todo lo que puede crecer debe crecer de cualquier manera.
Águilas puede aspirar a más sin convertirse en otra ciudad.
Puede atraer visitantes sin perder a sus vecinos.
Puede generar oportunidades sin renunciar a su escala humana.
Puede modernizarse sin borrar sus raíces.
Y puede ofrecer futuro sin dejar de ser el lugar al que muchos quieren volver.
Quizá ahí esté una de sus mayores ventajas competitivas.
Porque en un Mediterráneo cada vez más saturado, la posibilidad de vivir junto al mar, trabajar cerca de casa y conservar una identidad propia no es un problema que solucionar. Es un valor que proteger.


